domingo 1 de agosto de 2010

PARTE I


Ahí estaba ella.

Zorra. Zoooooooooorra. ¡¡!!

La putita dormía en su cama; parecía incluso inocente. Qué gracia; ¿cómo una ladrona podía ser íntegra?

No. No lo era; ella era la perra que me mató; la desgraciada que me echó el veneno en mi café. ¿Qué cómo lo sabía? Era fácil, muy fácil.

Uhm… Bien; ¿en qué estaba pensado?

Ah, sí. La zorra; ahí está.

Ella y el cerdo de Emilio me asesinaron. Estaba segura, muuuuuuuuuuuuy segura.

Pero yo iba a recuperar lo que era mío.

¡¡Tú, perra!! —le grité.

Ella, entre las sábanas de la cama se revolvió, o mejor dicho, utilizó mi cuerpo para revolverse. Eso me enfureció aún más; apreté los dientes.

Me miró a través de sus —mis— ojos aparentemente aterrada. Era una buena actriz, ¡¡una jodidamente buena actriz!!

¡¡Puuuuuuuuuuuuuuuuuta!! ¡¡Devuélveme lo que es mío!!

Y entonces fue, cuando me lancé encima de ella para recuperarlo.

..

Me desperté horrorizada; mi corazón palpitaba increíblemente deprisa propiciado por el pánico de aquella pesadilla.

Sollocé cuando la imagen de aquel espectro con la mirada ida, acechándome en las sombras de mi habitación vino a mi mente.

«¡¡Mi cuerpo!! ¡Quiero que me des mi cuerpo!» me pareció escuchar.

Aterrorizada, miré hacia todos los lados, buscando el posible foco del sonido; me costó unos escasos e insufribles instantes percatarme de que la había escuchado en mi cabeza; estaba dentro de mí. Una lágrima de horror rodó por mi mejilla derecha.

—Yoo… Yo… ¡¡Socorro!! —grité entrando en pánico.

Mis piernas temblaban mientras que un sudor frío increíblemente pegajoso se aferraba a mi piel.

El aire llegaba insuficientemente a mis pulmones.

Traté de ponerme de pie; lo conseguí dificultosamente. Tambaleante y con pasos inseguros cogí mi móvil.

«Tú, ¿qué haces con ese teléfono? ¡¡Suéltalo!!» me gritó aquella mujer en mi cabeza; sonó asombrosamente cercana, como si aquellas estridentes palabras fueran directamente depositadas en mi oído.

—¡¡Cállate!! —le chillé—. ¡Voy a llamar a Lucas; él me recatará de ti!

Con el móvil en mis débiles manos saqué fuerzas de mi terror y llamé al que era mi pareja.

—¿Diga? —contestó él, con voz somnolienta.

«¿Qué haces zorra? Ah, ya entiendo; como eres una cobarde y me tienes miedo vas a pedir ayuda al cabrón de tu novio, ¿verdad?» se rió de manera cruel.

—¡¡Cierra la jodida boca!! —le escupí sin reconocer el tono estrangulado de mi voz.

—¿Por qué me dices eso, Ania?, ¿acaso no eres tú la que me ha llamado a estas horas de la madrugada —me contestó él, molesto.

Luca obviamente no la había escuchado insultarle. No; sólo la podía oír yo. Y eso…, y eso hacía que nadie me pudiera creer, y que yo…

¿Estaba loca?

«¡¡Puuuuuuuuuuuuuuuutaaaa!! Deja ya el maldito teléfono».

Me mordí mi labio inferior con fuerza, tratando de relajarme a la par que me sentía cada vez más mareada; tenía que explicárselo todo a Lucas; si él no me creía entonces nadie lo haría.

—N-No… ¡¡Eso no iba para ti!! ¡¡Iba para ella, para Jessica!! —dije sintiéndome impotente—. ¡¡Está en mi cabeza, Lucas; te lo juro!! No es únicamente una mera pesadilla; ¡¡existe!!

«¡¡Ladrona!! No le hables de mí al subnormal de tu novio. ¡¡Y deja una maldita vez de hacerte la víctima; no estaría aquí si tú no me hubieras asesinado para quedarte con mi cuerpo y que tu alma habite en el!! ¡¡Zooooooooooooorra!!»

—¡¡Nooooooooooooo!! Eso no es verdad, ¡¡sal de mi cabeza!!

Perdí el equilibrio; caí al suelo. El teléfono en el proceso se desmontó; la batería se desconectó el aparato. Como resultado la llamada se cortó.

—¡¡Luuuuuuuuuuuuucaaaaaaaas!! —le llamé—. ¡¡Te necesito!!

«Y ahora, zorra; llegó la hora de que ajustemos cuentas».

Léeme en FictionPress